1/5/08

El encuentro con un humano

Esa mañana de domingo me había levantado muy temprano, y se me ocurrió ir a caminar por el parque, de paso encontrar unas hadas con las que quería conversar ahora que llegaba el otoño.

Me quedé sentadito en un banco esperando verlas porque no las podía encontrar.

De pronto un señor se acercó y comenzó a hablarme.

Eso es algo extraño porque los humanos no hablan con seres que no son terrícolas. Y esta fue la conversación:


- Buen día- dije yo cuando el señor se sentó

- ¿Buen día? ¿Qué tiene de buen día? Mire esa mujer, hace horas que alimenta esa enorme cantidad de palomas, no se termina más, a cada minuto llega una nueva. ¡Alimentar palomas! ¿Para qué? Son animales inmundos, sucios, si al menos fueran mensajeras, pero no, son comunes, molestas. Luego la vieja, seguirá el ritual de alimentar los gatos. ¿ve? Les pone comida en esos papeles y los endemoniados animales no comen todo y quedan allí las sobras, así se llena de cucarachas.
También vendrán los perros con sus dueños, el can feliz y el que los lleva cansado de esa cotidiana rutina. Pero sabe qué? No levantan las eses y el olor a pis es insoportable.
Vengo todos los domingos para disfrutar de las primeras horas, del olor matinal, pero ¿qué encuentro? olor a pis de perros, de humanos, palomas volando sobre mi cabeza, gatos maullando, y así no se puede. A propósito mi nombre es Evaristo y el suyo?

- Dubby, Dubby 24- dije estirando mi pequeña mano.

- ¿Dubby 24? ¿Qué clase de nombre es ese?

- En donde yo vivo, es un nombre común, es más un apellido que un nombre, porque los que llevamos acabo mi misión nos llamamos Dubby, el 24 sería el nombre

- ¡Qué barbaridad! Comenzar el nombre con un apellido, y tener un número por nombre. Sinceramente me parece un desacierto. ¿Y me dice que hay muchos como usted? ¿de dónde viene? ¿tiene una misión? ¿Cual es la misión?

-Disculpe, eso no se lo puedo decir, es algo bastante secreto.

-Ah! Claro es una especie de espía ¿verdad? Bueno es un problema suyo, meterse donde no lo llaman, mire que no es bueno eso, puede resultar lastimado.

- No se preocupe convivo con los dolores desde que llegué a este lugar.

- ¿Dolor? ¿Qué sabrá usted del dolor? De eso le puedo hablar horas, el dolor de espalda que me llega a la noche y no me deja dormir. ¡La cabeza! se me parte cuando viajo a la mañana en el subte como si fuera una sardina, la cicatriz de la operación me da puntadas cuando se acerca una tormenta, los calambres en las piernas, pero si le sigo contando se va a aburrir.

- Pero yo me refería a otro tipo de dolor, el del corazón, el de la soledad, el que sienten los que son discriminados y humillados- pero no me dejó seguir.

- Ah! pero usted es un zurdito, un idealista, le voy a dar un consejo aunque no me lo pidió, esos pensamientos no lo van a llevar a ningún lado. Pero no se preocupe, la juventud es una enfermedad que pasa con los años. Y ¿qué busca en este parque a estas horas? ¿Algún milagro?

- Veo que no cree en milagros, pero existen sabe. Pero no, no buscaba eso, quería encontrar unas hadas que llegan con el otoño, quería hablar con ellas.

- ¿Hadas? Mire si no estuviera tan serio me reiría en su cara, pero me enseñaron educación. ¿Se escapó de algún manicomio? Aunque ahora que lo veo me doy cuenta usted es verdad y tiene pecas azules ¿viene de alguna fiesta de disfraces? Seguro que tomó alguna de esas porquerías que consumen los jóvenes. Escuche lo que le digo, va a terminar mal, drogándose, buscando hadas, pintado de esa manera.

- Pero es el color de mi piel, no soy de este planeta, vengo de uno pequeños, soy un ser circular.

- ¿Un ser circular?- y pese a todo lo que dijo soltó una carcajada-¿Me está diciendo que es un extraterrestre? Disculpeme, pero esto es demasiado para un domingo por la mañana, ya creo que me está tomando el pelo. Estoy cada vez más convencido de que tendré que mudarme al campo, la ciudad es cada más peligrosa, llena de locos, animales y suciedad. Me retiro, que encuentre sus hadas.
Se fue, con el libro abajo del brazo. Quería poder explicarle que mi misión era llevar a los humanos esperanzas, enseñarles que se puede ser feliz, traerles fe, alegría, que se traten bien los unos a los otros, pero que no me estaba permitido contárselo a cualquiera. Menos mal que no dije nada, no creo que me creyera, este terrícola necesitaba más de lo que yo podía ofrecerle.
De pronto vi las hadas en el árbol, me sonrieron y fui a conversar con ellas.
Sinceramente cada vez es más difícil la misión a la que me enviaron.

20-04-08

2 comentarios:

Favalli dijo...

Jajaja, muy bueno.
El típico quejoso. Aunque creo que a veces puede ser más un deporte argentino que humano.
Es como que se te venga a sentar el abuelo Simpson al lado.
Le faltó decir "antes esto no pasaba".
Saludos

m@ite dijo...

EL MUNDO NECESITA ESO PRECISAMENTE ESPERANZA, ILUSIÓN, AMOR OJALA HUBIRA MUCH@S DE TU PLANETA AQUI EN LA TIERRA. HOY ME HAS HECHO MI DIA UN POCO MÁS FELIZ M@ITE